Idilio rural
1735
François Boucher era el maestro de hacer que la vida campestre pareciera una fiesta de disfraces para la aristocracia. En esta escena de 1735, los «campesinos» están sospechosamente limpios, lucen cintas de seda y peinados perfectos mientras descansan junto a vacas en un paisaje exuberante y onírico. Es la versión rococó de la vida rural: absolutamente nada de barro ni trabajo duro, solo ocio interminable y coqueteo. Como pintor favorito de Madame de Pompadour, Boucher convirtió la áspera realidad de la agricultura en una suave fantasía que la élite francesa adoraba colgar en sus salones.
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