¡Agua!
circa 1890
Frederic Remington captura el alivio puro y desesperado de la frontera estadounidense en esta impactante escena monocromática. Dos viajeros cansados y sus caballos exhaustos finalmente han dado con un preciado abrevadero en un páramo árido y rocoso. Mientras un hombre se derrumba de rodillas para tomar un trago que le salva la vida, su compañero se mantiene erguido, agitando triunfalmente su sombrero para señalar su supervivencia. Es una clase magistral de narrativa, que nos muestra que en el duro Viejo Oeste, encontrar un simple charco merecía ser celebrado como una victoria.
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