Espera
1882
En esta obra maestra al pastel, Degas captura un momento espontáneo y nada glamuroso entre bastidores. Una joven bailarina con un tutú blanco esponjoso y una faja azul brillante se inclina para atarse el zapato, completamente absorta en la tarea. A su lado, una acompañante vestida con pesadas ropas negras se sienta pacientemente en un banco, sujetando un paraguas cerrado. Es un marcado contraste entre la ligereza de la juventud y la pesadez de la vejez, mostrando la realidad áspera detrás del brillo del escenario del ballet. A Degas le encantaba pintar bailarinas, pero rara vez las mostraba actuando; prefería estos momentos silenciosos y agotadores en los laterales del escenario.
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